martes, 28 de diciembre de 2010

El negocio del agua embotellada

Hace ya bastantes años que se viene produciendo un fenómeno curioso en los países desarrollados: convertir un bien básico, universal, imprescindible para la supervivencia como es el agua, en un rentabilísimo producto de consumo. No paso por alto que el agua potable, de una forma u otra, siempre ha tenido un valor económico en las sociedades industrializadas y ha llevado asociados a su extracción, almacenamiento, tratamiento, distribución, etc., unos costes que se tienen que cobrar de algún modo al usuario final. La situación relativamente nueva a la que me refiero es la venta, de forma generalizada, de agua embotellada y, sobre todo, a "la venta de la idea" de que este es el mejor o incluso el único tipo de agua que garantiza una alimentación sana y una vida saludable.

Esta nueva situación se consigue principalmente a través del marketing y la publicidad televisiva: convencer poco a poco a millones de personas de que el agua que sale de sus grifos no es lo suficientemente buena para que ellos y sus familias la consuman de forma cotidiana. Primero fue en restaurantes y más adelante en bares, donde parecía más profesional (y rentable) servirla y más elegante (o incluso conveniente por motivos de higiene) pedirla en lugar del agua del grifo que tradicionalmente se había servido de forma natural y sin complejos. Después llego la moda a los hogares, donde el agua de toda la vida ya no sabía tan bien o ya no inspiraba tanta confianza comparada con la alabada agua mineral (como si no abundaran las aguas "del grifo" que cuentan con minerales disueltos...)

Está claro que, aunque en cualquier hogar de un país desarrollado el agua que sale del grifo se presupone apta para el consumo humano, no todas tienen la misma calidad, ni el sabor, ni serán igual de saludables para el consumidor. Y esto es así por los distintos "aditivos" que arrastran desde su procedencia hasta el grifo debido a factores como las características geológicas del terreno, el nivel de contaminación del entorno, el tipo de tratamiento y depuración que se le aplica antes de la distribución, etc. El problema, o mejor dicho, el timo, viene cuando la gente ha sido condicionada a no consumir el agua local en favor de estas aguas "comerciales", en teoría más saludables, sin saber: 1) que está pagando cantidades obscenas (pueden llegar a las miles de veces en comparación con la local) por esa agua embotellada en regiones remotas, supuestamente en manantiales o fuentes naturales; 2) que la calidad de esa agua tan cara no es necesariamente mejor que la que sale de su grifo, como incluso el gran público ha podido saber por algunas noticias.

Como (casi) siempre, existen alternativas al paso por este aro. La más fácil es volver a consumir agua del grifo, aunque sólo será recomendable para lugares donde la calidad de esta sea aceptable, tanto por el sabor como por el resto de aditivos que no se notan pero pueden afectar a la salud. Para los que no tengan esta suerte o tengan dudas sobre la calidad de su agua, la alternativa consiste en tratar el agua antes de su consumo. Los métodos más efectivos para ello son el uso de filtros de ósmosis inversa y la destilación. Aquí puede verse una tabla comparativa más detallada sobre ambos tratamientos. Teniendo en cuenta la pureza del agua obtenida, el coste del aparato y su mantenimiento, el espacio que ocupa, si requiere o no instalación, etc. decidí hace unos meses probar una destiladora de agua. Tras buscar y comparar productos la compré en esta tienda porque, además de tener los mejores precios de todas las que encontré, se trata de una empresa pequeña que da un trato excelente y una rápida respuesta ante cualquier duda o problema (además de la correspondiente garantía y de la ventaja añadida de disponer de cualquier pieza de recambio necesaria.) De momento estoy más que contento con la inversión (que prácticamente ya he amortizado) y con la calidad del agua obtenida. Tanto que incluso he regalado recientemente una a mis padres para que no carguen tanto peso y al mismo tiempo mitigar sus problemas de riñón. Sobre las advertencias que leí o escuché hace tiempo sobre el consumo de agua destilada, tras leer artículos como este y estar bebiéndola durante varios meses tengo que decir que me parecen una combinación de estupidez y de intereses creados. Allá cada cual con sus tragaderas...